(La Traviesa Elizabeth 03) Un Premio Para Elizabeth by Enid Blyton

(La Traviesa Elizabeth 03) Un Premio Para Elizabeth by Enid Blyton

Author:Enid Blyton
Language: es
Format: mobi
Tags: children
ISBN: 9788447324422
Publisher: RBA Coleccionables
Published: 2011-12-30T23:00:00+00:00


Capítulo XIV

POLVOS DE ESTORNUDAR

Ciertamente, el portazo de la taquilla despertó a mucha gente. Se produjo un alboroto de pasos y puertas que se abrían. Las profesoras no tardarían en llegar.

Julian huyó para avisar a los demás, propinándole un violento empujón a Elizabeth para poder escaparse. La niña estuvo a punto de caer al suelo. No sabía adónde había ido Julian, de modo que regresó a su dormitorio muy excitada, pensando que había sorprendido a Julian robando las galletas.

«Ahora sí que le denunciaré —se dijo al meterse en cama—. ¡Ya lo creo que le denunciaré!

Julian corrió hacia la sala común y abrió la puerta.

—¡Rápido todo el mundo a la cama! ¡Elizabeth me ha sorprendido cuando cogía las galletas y ha provocado un gran estruendo! Si no os largáis de aquí inmediatamente, os pillarán.

Apresuradamente, los niños lo escondieron todo dentro de las taquillas de las paredes o en los pupitres vacíos. Luego soplaron las velas y huyeron con la esperanza de no haber dejado muchas migas en el suelo, ni rastro alguno de la fiesta.

Todos corrieron hacia sus respectivos dormitorios.

—¡Maldita Elizabeth! —gimió Arabella, mientras se quitaba la bata y las zapatillas y se metía en su cama—. Precisamente estábamos en mitad de la fiesta. ¡Lo ha estropeado todo!

Las profesoras se preguntaron a qué se debía aquel ruido. Mademoiselle, que era la que dormía más cerca de los dormitorios del primer grado, dormía muy profundamente y no había oído nada, por lo que se sorprendió mucho cuando la señorita Ranger abrió la puerta y la despertó.

—Quizá las chicas del primer curso están de algazara otra vez —observó adormilada la profesora de francés—. Vaya a su dormitorio para averiguarlo, señorita Ranger.

Pero cuando la señorita Ranger llegó al dormitorio y encendió las luces, no notó nada raro. Todas las niñas parecían dormir pacíficamente. Casi demasiado, pensó la profesora.

Elizabeth observó cómo se encendía la luz y por el rabillo del ojo contempló a la señorita Ranger. ¿Debía contarle lo sucedido? No, aún no. Le denunciaría ante la próxima Junta, de modo que todo el mundo se enterara.

La señorita Ranger apagó la luz y se fue tranquilamente a la cama. No podía figurarse a qué se debía aquel ruido. Tal vez el gato del colegio había cazado un ratón. La señorita Ranger se acostó sin sospechar nada y se durmió al momento.

Elizabeth permaneció despierta largo tiempo, pensando en Julian y las galletas. Estaba segura, completamente segura de que Julian era un ladrón. ¡Con todas sus pomposas frases respecto a vivir y dejar vivir! Era una forma como otra cualquiera de disculparse por sus raterías.

«Tendrá una buena sorpresa cuando mañana me levante en la Junta y le denuncie», pensó.

Todas las niñas estaban muy enojadas con Elizabeth por ¡nabar de forma tan rotunda con la fiesta.

—¿Debemos darle un buen rapapolvo? —propuso Arabella.

—No sabía nada de la fiesta —replicó Julian—, aunque debió de sospechar algo cuando vio que todas las niñas se mellan tan apresuradamente en cama.

Elizabeth se había extrañado, pero sabía que era el cumpleaños de Arabella y pensó



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